Religiosos Amigonianos · Roma, 26 de abril de 2026
IV Domingo de Pascua · 2026
«He venido para que tengan vida
y la tengan en abundancia»
— Jn 10, 10
En este Domingo del Buen Pastor, el Superior General Fr. José Ángel Lostado Fdez, comparte esta reflexión pastoral con todos los religiosos y familia carismática amigoniana del mundo. Al celebrar el 137 aniversario de la fundación de la Congregación y el 25 aniversario de la beatificación de los mártires amigonianos, contemplamos a Cristo como Pastor atrayente, Puerta, Guía y dador de vida en abundancia.
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Primera Reflexión
«Yo soy la puerta» — Jn 10, 9
Jesús se presenta como la Puerta, la entrada segura y confiable hacia la vida verdadera. Esta imagen sencilla y clara nos recuerda que toda relación auténtica —con Dios, con los hermanos y con la misión— debe pasar por la puerta de la humanidad de Cristo: respeto, compasión y cuidado.
Entrar por la Puerta que es Cristo significa asumir su modo de mirar, de acoger y de amar. No hay verdadera vida cristiana sin humanidad: sin respeto, sin cuidado y sin misericordia.
«La Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado.» — Papa León XIV, Dilexi Te, 21
El último Capítulo General nos invitaba a «fomentar la cultura del autocuidado, del cuidado mutuo y del buen trato», recordándonos que la puerta del Evangelio se abre siempre desde la misericordia.
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Segunda Reflexión
«Llama a sus ovejas por su nombre» — Jn 10, 3
El Buen Pastor no trata a las ovejas como una masa indiferenciada, sino que las conoce y las llama a cada una por su nombre. Llamar por el nombre es conocer y reconocer el rostro de la persona, con sus sonrisas y cicatrices, sabiendo ver su fragilidad y su belleza.
«A veces imponemos a los jóvenes obligaciones que no son saludables. Nuestra formación debe aspirar realmente a formar a las personas para que se conviertan en verdaderos seres humanos, a través de los dones que Dios les ha dado.» — Papa León XIV, Audiencia con Superiores Generales, nov. 2025
Del 22 de febrero al 11 de marzo de 2026 se celebró en Roma el I Aula de Formadores Amigonianos, donde 21 hermanos de todas las provincias analizaron los retos de la formación. El fruto: un Plan Individual para cada formando que integre objetivos de crecimiento humano, espiritual, comunitario, intelectual y pastoral.
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Tercera Reflexión
«He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» — Jn 10, 10
La misión del Buen Pastor no es solo proteger, sino dar vida plena. Una abundancia que no se mide en resultados, sino en profundidad, en libertad interior, en alegría, en vínculos sanos y en fraternidad forjada en el día a día.
La vida abundante que Jesús promete requiere comunidades donde:
Recordemos: la salud mental no es un lujo, sino una condición sine qua non para vivir la propia vocación con libertad y alegría. No podremos cuidar a otros si no cuidamos y cultivamos nuestra propia humanidad.
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Cuarta Reflexión
La fraternidad es el primer lugar donde se hace visible el estilo del Buen Pastor. No es solo convivencia: es espacio de sanación, de reconciliación y de crecimiento.
El XXIII Capítulo General ha expresado un profundo deseo de renovación espiritual, comunitaria y misionera. Para que nuestras fraternidades tengan vida «en abundancia» y sean hogares de misericordia, debemos cuidar:
«Cuidar la oración es cuidar la misión · Cuidar la fraternidad es cuidar la identidad · Cuidar la salud mental es cuidar la vocación · Cuidar la formación es cuidar el futuro · Cuidar la interioridad es cuidar la libertad»
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Quinta Reflexión
Al celebrar el Domingo del Buen Pastor, todos estamos llamados a «encarnar sus actitudes misericordiosas» que podemos traducir y concretar en cuatro verbos que expresan con vigor nuestra identidad amigoniana:
Cuidar la vida, propia y ajena. El cuidado es la forma evangélica de vivir y la expresión más auténtica del amor del Buen Pastor.
Discernir juntos la voz del Señor y actuar con libertad. La fraternidad es lugar privilegiado de discernimiento comunitario.
Acompañar procesos con respeto, paciencia y sabiduría. Llamar a cada uno por su nombre es reconocer su dignidad.
Sanar heridas con ternura y compasión. Nuestras comunidades están llamadas a ser verdaderos hogares de misericordia.
Cristo, puerta del único redil, sigue siendo hoy la única puerta abierta para todos nosotros y nos llama a ser reflejo de su amor, especialmente allí donde la vida está herida. Que seamos «puertas abiertas» y reconozcamos su presencia en cada persona, especialmente en nuestros muchachos y muchachas, en los más pobres y frágiles. Que nuestras comunidades sean signo de su presencia y verdaderos hogares de misericordia y que nuestra misión haga visible su amor que cuida, acompaña y da vida en abundancia. Que María, Madre de los Dolores, Madre del Buen Pastor, nos enseñe a amar con cercanía y ternura y que nuestros hermanos beatos mártires amigonianos, que entregaron sus vidas siguiendo las huellas del Único Pastor, junto con nuestro Venerable P. Luis Amigó, intercedan en nuestro caminar.
Felicidades en la fiesta del Buen Pastor. Con afecto fraterno,