El bosque dela amistad verdadera
José Carlos Gómez David
Categoría:Infantil
Érase una vez, en una tierra donde los árboles parecían abrazar el cielo y el agua cantaba al correr por las rocas, se extendía el Ecosistema Amigoniano. Allí no vivían solo animales y plantas: cada rincón guardaba un valor, y todo vivía unido como una gran familia.
En el centro del bosque crecía un árbol muy antiguo: el roble de Fray Luis Amigó. Se decía que sus raíces llegaban hasta el corazón de la tierra y sus ramas tocaban las nubes, pues guardaba toda la sabiduría de aquel hombre bueno que enseñó a amar sin condiciones.
Un día, llegó al bosque Lucas, un niño de la aldea cercana, muy triste. Había discutido con su mejor amigo y creía que nunca más podrían estar juntos. Al ver el roble, se sentó a su pie y suspiró:
¿Cómo puedo hacer las cosas bien otra vez?
De entre las hojas salió una paloma blanca, la mensajera del bosque, y le dijo con voz suave:
Observa este lugar, Lucas. Aquí vivimos siguiendo las enseñanzas de Fray Luis Amigó: respeto, caridad, humildad, perdón y esperanza. Ellos mantienen vivo todo nuestro hogar.
La paloma le mostró primero el arroyo:
Mira cómo el agua cede su paso a las piedras, cómo da de beber al pájaro pequeño y al ciervo grande sin preguntar quién es quién. Eso es respeto: reconocer que todos somos importantes, sin importar nuestro tamaño ni de dónde venimos. Fray Luis decía que cada persona merece ser tratada con cariño, pues todos somos obra de amor.
Caminaron luego hasta un grupo de hormigas que trabajaban juntas moviendo una rama pesada. Ninguna se adelantaba sola, ninguna se quejaba.
Esto es caridad y humildad explicó la paloma. Fray Luis enseñó que nadie es más que nadie, y que la verdadera fuerza está en ayudar al compañero, en poner el bien de todos antes que el propio orgullo. No hay nada más noble que tender una mano.
Más adelante encontraron un pequeño brote que luchaba por salir entre la tierra seca.
Esa plantita representa el perdón y la esperanza dijo la paloma. Fray Luis Amigó repetía siempre: “¡El amor todo lo puede!”. Cuando nos equivocamos, no debemos quedarnos con la culpa ni el rencor: pedimos perdón, perdonamos de corazón, y seguimos adelante con la esperanza de mejorar. El error no es el final, sino una oportunidad para querernos más.
Lucas miró todo el bosque con otros ojos: las flores de distintos colores convivían en paz, el sol calentaba por igual a cada rincón, y nadie se sentía olvidado. Comprendió entonces que el Ecosistema Amigoniano no era solo un lugar hermoso: era una forma de vivir, donde el amor une todas las cosas.
Regresó corriendo a buscar a su amigo. Se disculpó sinceramente, escuchó lo que el otro tenía que decir, y juntos prometieron cuidar esos valores como si cuidaran su propio bosque. Desde entonces, cada vez que pasaban cerca del roble, se tomaban de la mano: sabían que, así como aquel bosque, su amistad también crecería fuerte y hermosa.
Colorín colorado este cuento ha terminado.