Un verdadero valor está en el corazón

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Categoría:Infantil

En una pequeña casa de ladrillo sin pintar en Bogotá la señora Clara ya estaba despierta. El frío era demasiado y la cocina apenas era de dos puestos. Sobre la mesa había tres pocillos, que hace muchos años sólo se utilizaban dos, porque Sofía la hija menor de la señora Clara decía que algún día su papá vendrían a tomar café en ese pocillo.

El reloj marcaba a las 5:00 de la mañana cuando el despertador sonó.

En una pequeña casa de ladrillo sin pintar en Bogotá la señora Clara ya estaba despierta. El frío era demasiado y la cocina apenas era de dos puestos. Sobre la mesa había tres pocillos, que hace muchos años sólo se utilizaban dos, porque Sofía la hija menor de la señora Clara decía que algún día su papá vendrían a tomar café en ese pocillo.

La mamá de Daniel trabajaba todos los días limpiando casas y lavando ropa para que a sus hijos nunca les faltara un plato de comida, sin embargo, muchas veces el dinero no alcanzaba para pagar el arriendo, los servicios y el colegio. Aun así, doña Clara nunca dejaba de sonreír porque quería que sus hijos fueran felices.

Daniel era un niño muy bueno y responsable, todos los días veía a su mamá preocupada por las cuentas y escuchaba cómo le pedía a Diós que todo mejorara. Él también veía a Sofía tenía que dejar de hacer muchas actividades del colegio porque no había dinero para pagarlas. Una noche escuchó a su mamá llorando en silencio mientras revisaban las cuentas de la casa. En ese momento sintió mucha tristeza y prometió que haría todo lo posible para ayudar a su familia.

Desde el día siguiente comenzó a trabajar antes y después del colegio; ayudaba en la plaza del mercado lavaba carros y cargaba cajas, aunque terminaba muy cansado siempre entregaba el dinero a su mamá con una sonrisa.
Un día mientras regresaba del trabajo unos jóvenes mayores lo llamaron, ellos vestían ropa bonita, tenían unos celulares modernos y parecían no preocuparse por el dinero. Uno de ellos le dijo: ¿Daniel por qué trabajas tanto si puedes ganar mucho dinero en una sola noche?

Al principio Daniel respondió que no quería hacer cosas malas pero los muchachos le siguieron hablando y le dijeron que solo sería una vez para ayudarle a su mamá y a Sofía. Daniel recordó las cuentas sin pagar, el uniforme viejo de su hermana y la tristeza de su mamá, sin pensar en las consecuencias aceptó acompañarlos. Al comienzo creyó que estaba haciendo algo bueno por su familia porque ahora podía comprar comida y pagar algunas deudas. Su mamá estaba muy feliz, pero Daniel no podía dormir tranquilo (todas las noches sentía un peso muy grande en su corazón).

Todo cambió cuando durante un robo un abuelo cayó al suelo y una niña comenzó a llorar mientras gritaba: “abuelito por favor despierta” En ese momento Daniel imagino que esa Sofía y comprendió que a las personas a las que estaban haciendo daño también tenían familias que sufrirían, corrió hasta su casa con lágrimas en los ojos miró hacia su hermanita dormida y entendió que nunca podría ser feliz haciendo sufrir a los demás.
Durante muchos días vivió con miedo y tristeza pensaba que ya no merecía una nueva oportunidad y que nadie volvería a confiar en él.

Capítulo II
El encuentro que cambió su vida
Un día caminó sin saber a dónde ir hasta que encontró una casa muy sencilla en la entrada había un letrero que decía: “Todos merecen una nueva oportunidad”
con un poco de miedo decidió entrar y una hermana Terciaria Capuchina lo recibió con una gran sonrisa: Bienvenido hijo, ¿en qué podemos ayudarle? Daniel comenzó a llorar y respondió: he cometido errores y necesito que alguien me enseñe a cambiar.

La hermana lo escuchó con mucho cariño no lo regañó, ni lo hizo sentir menos importante, sólo le dijo que Dios siempre da una nueva oportunidad a quienes desean hacer el bien. En ese lugar Daniel conoció a otros jóvenes que también habían pasado por momentos difíciles todos estudiaban, aprendían oficios y descubrían que podían construir un futuro diferente.

Un día la hermana Isabel les habló de un hombre llamado Fray Luis Amigó y Ferrer. Les contó que él dedicó toda su vida a ayudar a los niños y jóvenes que muchas personas creían perdidos. Mientras otros sólo veían errores, Luis Amigó veía corazones llenos de sueños y personas que necesitaban amar, educación y una oportunidad para cambiar.

Daniel escuchó cada palabra con mucha atención y comprendió que él también podía comenzar de nuevo.

Capítulo III
un nuevo comienzo

Desde ese día Daniel tomó una decisión muy importante: nunca volvería a hacerle daño a nadie.

Regresó al colegio con mucho esfuerzo, al principio le daba pena porque pensaban que todo lo iban a criticar, por eso sus profesores y compañeros lo animaban para que siguiera adelante.

Las Hermanas Terciarias Capuchinas lo ayudaban con las tareas le enseñaban valores y también un oficio para que pudiera trabajar de manera honesta.
Daniel aprendió a reparar bicicletas y después motos, poco a poco comenzó a ganar dinero con su trabajo, con ese dinero ayudaba a su mamá a pagar el arriendo, compró nuevos útiles escolares para Sofía y llenó nuevamente la nevera. Pero lo más importante fue que volvió la alegría a su hogar.

Daniel sonrió porque comprendió que La Paz y el amor valían mucho más que cualquier cantidad de dinero.

El legado de Luis Amigó y Ferrer continúa
Pasaron muchos años y Daniel se convirtió en un hombre trabajador y solidario.

Abrió un centro donde enseñaba mecánica, ayudaba con las tareas escolares y escuchaba a los jóvenes que tenían problemas. Daniel continuó haciendo lo mismo que enseñó Luis amigo y Ferrer: educar con amor, escuchar sin juzgar ayudar a quien más lo necesita y demostrar que ninguna persona está perdida cuando encuentra una mano amiga.

Gracias a ese hermoso legado muchos niños y jóvenes pudieron cambiar sus vidas, descubrir sus talentos y construir esperanzas y sueños.

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